Apenas acabo de cumplir 21 años, pero creo que tengo ya mucha experiencia en muchas cosas, y al mismo tiempo muy poca.
A lo largo de nuestras vidas, todos experimentamos cambios. Cambios que modifican nuestra persona, pero no cambian quienes somos, en esencia seguimos siendo los mismos. En mi caso, creo que estoy viviendo una segunda niñez, o una segunda adolescencia. Desde que entré a estudiar en la universidad y me relaciono con tantas personas diferentes, siento que estoy renovando mi vida cada día. No me aburro. A veces me siento frustrado, cansado o triste, pero tantas cosas nuevas siguen pasando conmigo que no puedo aburrirme. Mi vida parece seguir dando vueltas, aunque se supone que este sentimiento es el que tiene un adolescente al experimentar todos esos estúpidos cambios hormonales.
En lo personal, mi vida ha sido un tanto diferente al estándar de todo el mundo. Prácticamente me encerré en mi propio mundo durante toda la primaria y secundaria. Me costaba hacer amigos y nunca supe explicar por qué. Fue hasta un semestre después de haber empezado mis estudios en la universidad que empecé a hacer buenos amigos, y a quererlos a todos como parte de una segunda familia. Esta fue mi época de cambios, pero esto no vino por si solo.
Fue durante mis años de cambios hormonales, alrededor de mis 14 y 15 años, en los que pasé por un colapso psicológico y me deprimí de una manera inusual para un jóven de esa edad. Mis papás se dieron cuenta y decidieron mandarme con un psiquiatra. Recibí tratamiento médico para mejorar mi situación con la depresion y todo pareció mejorar. Así fue, pero en realidad lo único que hice fue construir paredes a mi alrededor para que la sociedad no me molestara. Terminé mis años de colegio teniendo unos 3 buenos amigos, que eran los únicos amigos de confianza que tuve hasta que fui un adulto.
Nunca me di cuenta de lo mal que seguía estando. Mi semblante siempre era serio. No era capaz de dar una sonrisa a nadie. Cuando me reía, me reía sólo y casi nadie comprendía por qué. Para mi, era muy difícil hablar con gente desconocida y por tanto, me costaba mucho hacer nuevos amigos. Sólo Dios sabe cómo llegué a tener una novia en la universidad, pero eso no mejoró las cosas... para nada. Durante los once meses que estuve con ella, nuestra relación fue una pelea tras otra, en intervalos de a veces menos de una semana. Toqué fondo cuando terminamos. Me sentí sólo, no tenía a quien acudir y no sabía que hacer. Quise tirarme de un puente, pero mi instinto de supervivencia no me lo permitió.Muchos pensarán que no importa las circunstancias, el suicidio es una opción demasiado fuerte para un problema tan pequeño. Pero yo respondo, el problema no es pequeño, si tu mente lo hace grande. Un espíritu débil no tiene muchas ganas de vivir, y eso es lo que pasaba conmigo. Con cada situación que pasaba, mis ganas de vivir desaparecían poco a poco, y con esa ultima pelea con mi ex-novia, terminé de destruir mi estabilidad psicológica.
Hasta hace poco escuche la frase "When we hit our lowest point, we are open to the greatest change.", o en español, "Cuando alcanzamos nuestro punto más bajo, nos abrimos al mayor de los cambios" (quienes hayan visto la leyenda de korra sabrán de donde lo saqué). Eso mismo se aplicó a mi situación. Por supuesto, el cambio no se dió de un segundo a otro, ni de un día a otro. Tardé un par de meses en recuperarme y otros seis meses en cambiarme a mi mismo.
Lo bueno de todo esto es que cambié para mejor. Soy mas sociable, me río más, ya no es tan difícil para mi hablar con gente desconocida. Hay tantas cosas que he cambiado en mi mismo, que parece que soy una nueva persona. No se cómo llegué a ser alguien tan distinto, pero le agradezco a todas las personas que han estado conmigo estos ultimos 6 años, por haber formado parte de ese cambio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario