lunes, 28 de noviembre de 2011

El camino de la vida


Existió una vez un niño que caminaba por el camino de la vida. Este niño caminaba sólo, no le acompañaba nadie. Seguía un camino recto, veía al horizonte y sabía que llegaría a algún lado. No dejaba que nadie ni nada lo desviara ni interrumpiera.

Este niño no siempre caminó sólo. Muy temprano en su vida, se encontró con mucha gente, y esta gente le mostró muchos otros caminos. Todos los caminos eran caminos de vidas distintas, pero eran vidas a fin de cuentas. El niño vio esos caminos, intentó comprenderlos, intentó que le gustasen, pero prefirió quedarse en su propio camino. Otros niños lo veían y pensaban que su camino era aburrido, sin gracia. El niño caminaba sólo, mientras otros niños caminaban todos juntos, por caminos distintos. El niño creció poco a poco, sólo y por su cuenta.

Pasaron los años y el niño se encontró con una niña que caminaba por su mismo camino. Fue la primera vez que el niño tuvo compañía mientras caminaba por la vida. Los dos pasaron incontables horas juntos. Llegaron a quererse y amarse. El niño ya no veía hacia el horizonte, veía hacia donde estaba la niña, no tenía ojos para nada más. El niño dejó de interesarse por el camino que había tomado por lo que llevaba de vida y se dedicó a seguir el camino que su compañera seguía.

Eventualmente, la niña dejó de interesarse por el niño. A ella le parecía ya una carga más que una compañía. Lo único que quería el niño era seguirla, pero la niña ya no quería que él la siguiera más. Un día, ella simplemente se fue. No dejó que el niño la siguiera, no dejó que la volviera a ver. Olvidó y despreció todo lo que habían pasado juntos. Ella simplemente siguió caminando por la vida, dejando al niño atrás.
El niño pasó mucho tiempo buscándola, mientras ella simplemente se sorprendía al ver su persistencia cuando veía hacia atrás y lo veía a él aún buscándola. El niño pasó noches enteras sin dormir. El niño pasó muchos días hermosos parado, sin caminar. A veces incluso caminaba hacia atrás, pensando que la encontraría, pero sólo se encontraba con recuerdos de ella.

Los ojos del niño ya no veían al horizonte. Los ojos del niño ya no veían a la niña. Los ojos del niño se quedaron sin nada a qué ver. El niño se sintió completamente vacío. Sin una meta que seguir, el camino parecía no tener ningún sentido, y parecía que estuviera caminando hacia ningún lugar. El niño caminaba sin rumbo, caminaba sólo por no quedarse parado. El niño no sabía a dónde iba. El niño aún lloraba al recordarse de la niña.

Un día como cualquier otro, el niño cumplía años. Esperaba recibir una felicitación de la única persona que él pensaba que se preocuparía por él. Sabía que no recibiría nada. El niño estaba sólo, no tenía con quien compartir. El niño empezó a preguntarse, ¿por qué antes no le costaba estar sólo? Nunca necesitó de nadie, nunca dependió de nadie, siempre caminó por su cuenta. ¿Por qué ahora extrañaba a otra persona? Mientras el niño pensaba esto, vio a su alrededor, el camino era el mismo de siempre, pero él casi no se había movido de donde la niña lo había dejado.

Aparentemente de la nada, aparecieron dos personas, una niña y un niño, que llevaban un pequeño regalo para el niño cumpleañero. El niño no comprendía. Se suponía que estaba sólo. ¿De dónde habían salido estas dos personas? Al ver el regalo, un pequeño pastel con una vela encendida, el niño no pudo evitar que salieran lágrimas de sus ojos, junto con una tímida sonrisa.

Esos dos niños habían estado siempre con el cumpleañero, pero él no se había podido dar cuenta. Durante toda su vida se dedicó a ver sólo hacia el horizonte, y luego sólo a la niña. El niño se había dedicado tanto a ver sus metas, que nunca se tomó el tiempo de ver hacia los lados y hacia atrás.

El niño volvió a ver a su alrededor. Estaba completamente rodeado de más personas. Personas a quienes no había prestado suficiente atención antes, pero que sabía que existían. Por alguna razón, todas las demás personas querían al niño, y lo siguieron acompañando por el camino de la vida. El niño volvió a divisar en el horizonte la meta que seguía antes. Aún estaba allí.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El pescador y el cazador

No suelo hablar mucho de esto, especialmente porque es un tema que considero que cada quien debe manejar por su cuenta, y que pedir consejos es algo que debe hacerse sólo en caso de ser un inadaptado social. Bueno, de hecho yo soy en una buena parte un inadaptado social, con la diferencia de que estoy mejorando mis relaciones interpersonales con los años, y que ya no soy el mismo tipo apartado del mundo y encapsulado que era antes. Como decía, no me gusta hablar de esto, y "esto" son las relaciones interpersonales, específicamente entre hombres y mujeres. Decidí escribir sobre esto porque me di cuenta de una cosa algo interesante, hablando con un amigo.

Entre las personas, los hombres específicamente, existen dos tipos de conquistadores. Los conquistadores son los hombres, me refiero a aquellos hombres que buscan mujer. Existen los cazadores y los pescadores, así es como decidí llamarlos, por una analogía que hice mientras discutía el tema con Ricardo, un amigo mío.

Los cazadores son los típicos hombres "vivos", esos que no dejan que se les escape una mujer que les llame la atención sin ir y hablarles. De estos hay muchos, y los hay con todos los gustos también. Hay cazadores que prefieren escoger a su "presa" y perseguirla hasta que la consiguen. Otros, prefieren conocer a tantas personas como pueden, y quedarse con la mejor opcion. Hay quienes tienen estándares muy elevados, otros simplemente se quedan con las más fácil de alcanzar. En fin, los cazadores son aquellos que van por lo que buscan, y lo hacen sin inhibiciones.

Los pescadores, por el contrario, prefieren quedarse estacionarios. Esperar que su presa se acerque poco a poco. Estas personas son un poco mas pacientes que los cazadores. No solo no buscan lo que quieren, sino que cuando lo encuentran, si no les gusta, la vuelven a dejar ir. Esto puede llegar a hacer que les tome mucho más tiempo que a los cazadores encontrar a su presa, pero al mismo tiempo, gastan muchas menos energías (y dinero) en buscarlas.

Mientras los cazadores invitan a sus presas a comer, salir y hacer actividades diversas, los pescadores prefieren quedarse sentados y halar poco a poco el sedal. Los pescadores hipnotizan a su pesca, convenciéndole de salir del agua y dejarse llevar. Esto toma más tiempo, pero es igual de efectivo, si se sabe hacer. Una vez fuera del agua, es decisión del pescador y sólo del pescador regresar el pez o no... Amenos que el pez aún quiera dar lucha y salte del barco para escapar (suele suceder).

Personalmente, me considero un pescador. Recientemente, intenté salir a "cazar", pero simplemente no es lo mío. Siento que este tipo de cosas deben darse de manera natural. Salir a buscarlo es como intentar adelantar el reloj. Las manecillas avanzan, pero sigue siendo la misma hora, aunque el reloj no diga lo mismo. Es cosa mía nada mas, probablemente.

Seguramente, las mujeres que estén leyendo esto pensarán que las estoy tratando como simples objetos de caza. No se preocupen, las respeto mucho más que a la mayoría de los hombres. Esto no es nada mas que una analogía y no debe tomarse literal.

Hasta la próxima publicación, nos vemos.